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Una de las responsabilidades que adquirimos los dueños de una mascota es tenerla debidamente inmunizada. Por ello, hoy vamos a hablar de las vacunas del gato.

Las vacunas contienen virus atenuados que crean en el organismo un leve contacto con la enfermedad que transmiten. De esta manera, el cuerpo genera las defensas y anticuerpos necesarios para combatirlas.

Estas sustancias, que se administran generalmente por vía subcutánea, son fundamentales para cuidar la salud de nuestro felino. Previenen ciertas enfermedades difíciles de tratar y que, incluso, pueden causar la muerte del animal. Asimismo, cuidan la salud de las personas que conviven con él, ya que puede haber riesgo de zoonosis.

La obligatoriedad y periodicidad de las vacunas del gato varían de una zona a otra. Además, existen unas que son obligatorias y otras que son recomendables.

Visitar al veterinario

Lo primero que debemos hacer, por tanto, es acudir al veterinario para informarnos sobre el calendario de vacunación a seguir. Y ver qué vacunas nos recomienda según el estado de salud de nuestra mascota y el lugar de residencia. En zonas rurales, por ejemplo, el riesgo de contraer una enfermedad vírica es mayor porque los gatos no están vacunados.

Otro factor a tener en cuenta son los hábitos de los gatos domésticos. ¿Está siempre en casa? ¿Sale a la calle? ¿Está en contacto con otros ‘congéneres’? ¿Lo llevamos a residencias durante las vacaciones?

En función de nuestras respuestas, el riesgo de contagio será menor o mayor y las vacunas del gato variarán.

Gatitos

Si tienes un gatito, debes tener en cuenta que se vacunan cuando están destetados. De lo contrario, los anticuerpos que les pasa la madre en la leche pueden solaparse con los de la vacuna. Hasta que no tenga la primera vacunación completa, es mejor que no salga al exterior ni interactúe con otros gatos.

A las 8 semanas podemos ponerle la primera dosis de la trivalente (panleucopenia, rinotraqueitis, calicivirus). Se trata de una vacuna básica, por las consecuencias que acarrean estas enfermedades.

La primera es una dolencia viral que produce gastroenteritis y disminuye los glóbulos blancos. Su tratamiento es caro y largo, y resulta mortal para el 80% de los gatitos menores de 6 meses.

La rinotraqueitis o gripe felina es una enfermedad viral respiratoria sin tratamiento, cuyos síntomas son estornudos, mocos y secreciones oculares. Y la calicivirosis es una enfermedad viral muy contagiosa que le provoca al gato aftas dolorosas en la boca.

Si el gatito sale a la calle, es recomendable añadir a la trivalente la protección contra la clamidia (vacuna tetravalente), otra enfermedad respiratoria.

Hay que aplicar una dosis de recuerdo a las 12 semanas. Es importante respetar los plazos de los refuerzos. De lo contrario, la primera vacuna no serviría para nada.

Otras vacunas del gato

Entre las vacunas del gato también es importante la de la leucemia felina. Sobre todo en el caso de los animales que salen al exterior o tienen contacto con otros.

Se trata de una enfermedad muy grave, contagiosa y sin tratamiento, que va debilitando a nuestro amigo. Se pone a partir de las 8 semanas y dos semanas después (refuerzo).

En el mercado hay vacunas combinadas que contienen la trivalente y la leucemia, lo que ahorra visitas al veterinario.

La vacuna de la rabia es obligatoria –excepto en País Vasco, Cataluña y Galicia-. Estamos ante una enfermedad muy grave, que no tiene tratamiento y puede llegar a ser mortal.

Revacunación

Los efectos de las vacunas disminuyen con el paso del tiempo. Por ello es necesario revacunar a nuestro amigo anualmente de todas las vacunas administradas: trivalente, leucemia y rabia.

Si adoptas un gato adulto y no sabes qué vacunas tiene, puedes ponerle una primera dosis de trivalente+leucemia y una dosis de recuerdo dos semanas después. No obstante, le puedes hacer previamente un test de las principales enfermedades.

Otro consejo es informarse sobre las vacunas que puede necesitar el gato si viajamos con él al extranjero.